Leonardo Padura, sobre los cambios.

Leonardo Padura Fuentes

Tomado de Espacio Laical

Si algo caracteriza a nuestro presente es el aumento del debate público, sobre todo desde espacios focalizados en la sociedad civil. Los cambios acaecidos en la sociedad cubana en los últimos años y la expansión del ciberespacio en los centros urbanos y sus periferias han potenciado una mejor circulación de ideas dentro de la Isla. En medio de este contexto los intelectuales cubanos han acompañado, de forma creativa, el proceso de reformas que tiene lugar en el país.

En Cuba han ocurrido cambios positivos en los últimos diez años. A su juicio, ¿cuáles han sido los más significativos?

Después de los cambios forzados que se introdujeron en la sociedad cubana en la década de 1990, a raíz de la “declaración” de que habíamos entrado en un “período especial en tiempos de paz” y de los cambios inevitables en su dinámica interna que generó una sociedad asediada por todas las crisis (sobre todo en la esfera del pensamiento, la moral, la relación entre los individuos y de los individuos con el Estado), Cuba entró en una etapa de franco estancamiento de sus estructuras, o, más aún, de anquilosamiento de sus estructuras. Entre 1996 y 2006, si bien el país no vivía con las mismas condiciones materiales que existían durante los años más terribles del periodo especial, la ligera mejoría se debió, en lo esencial, a la ayuda que entregó Venezuela a cambio de cooperación en diversas esferas, o sea, de material humano cubano, más que por una recuperación económica sostenida. Hacia 2006, aunque se publicaban cifras de crecimiento económico cuyo reflejo en la vida cotidiana nadie veía por ninguna parte, la sociedad y, sobre todo, la economía cubana, habían llegado a un punto de contradicción que podía ser explosivo o al menos implosivo.

periodo-especial-cuba-venezuelaPeríodo Especial

A partir de esa fecha comienza a haber conciencia de la necesidad de introducir cambios más profundos en la economía y en la sociedad, para con ellos, gracias a ellos, tratar de conservar intacto o lo más intacto posible el sistema político. A la hora de valorar esos cambios resulta muy difícil cuantificar su importancia y decir cuál ha pesado más. Por ejemplo, sin duda un cambio muy trascendente, de los más trascendentes, ha sido la reforma migratoria aprobada y puesta en marcha a principios de 2013, pues altera de una forma muy profunda la relación del cubano con la posibilidad de establecer proyectos de vida, programarse o plantearse un futuro.

Pero no menos importante ha sido la cuantiosa disminución de la propaganda política (no anunciada como cambio, creo, pero cambio al fin y al cabo) con el desmontaje de aquella costosísima y muchas veces vacua “batalla de ideas”, con toda su retórica, sus mesas redondas, sus concentraciones municipales semanales y un largo etcétera de muy escasa influencia social. Ha sido importante también la apertura de la posibilidad del trabajo por cuenta propia, todavía muy primitivo en su alcance, demasiado controlado aún, ahora incluso asediado de una manera que contradice la supuesta voluntad política del gobierno por una ley tributaria de las más leoninas del mundo (al ganar 50 mil pesos en un año, o sea, 2500 CUC debes pagar al fisco el 50 por ciento de las ganancias, algo que muchos cuentapropistas todavía no saben y que a fin de este año les caerá encima como un tsunami), la incipiente creación de cooperativas, la eliminación de trabas y regulaciones burocráticas que no te permitían ni siquiera ser realmente dueño de lo que, en algún papel, aparecía como propiedad personal del ciudadano… Y creo que ha sido muy, muy importante, el cambio de estilo de gobierno, una transformación en la que no se toman decisiones solo por voluntades políticas, sino teniendo en cuenta realidades económicas… Y, como perspectiva de futuro, casi como interrogación, veo como un cambio significativo la aprobación de que los mandatos de gobierno se enmarquen en un período de diez años, para todos los dirigentes de alto nivel. O sea, que está la perspectiva de ver un gobierno totalmente diferente en el año 2018, pues no es solo Raúl quien deberá dejar

su cargo, como ya lo ha anunciado, sino también Díaz- Canel o Esteban Lazo, si se considera que un ministro o un dirigente nacional o provincial del Partido es un alto cargo político en Cuba, donde no oficialmente, pero de hecho gobierna el Partido ¿no?

¿Cuáles han de ser las más importantes reformas que deberán implementarse en nuestro futuro inmediato?

Hay una reforma sin la cual no es posible plantearse un futuro económico para Cuba, y es la solución de la trampa de la doble moneda, cuya existencia de forma todos los niveles de la economía, desde la macro hasta la doméstica. Debe haber una reforma más estructurada en la prensa, porque no creo posible cambiar un país como Cuba sin que se revolucione la forma de expresarse la opinión y la información, pues todos los grandes medios responden al mismo conglomerado político que es del gobierno-Estado-Partido y en esencia responden a sus intereses y políticas. Pero hay otro cambio, cuyos efectos van de lo económico a lo político, pasando por lo social, lo legal, lo intelectual y por todos y cada uno de los componentes de la sociedad, que es el libre acceso a Internet de los ciudadanos. Me explico… Creo que el mundo de hoy está viviendo en una nueva era, más que en un nuevo siglo o etapa histórica. Una era nueva: la digital. Hoy en día prácticamente todas las relaciones económicas, sociales, incluso políticas, por no hablar ya de la información, el conocimiento, y hasta el ocio, pasan por el mundo digital y la Internet. Cuba no puede aspirar a modernizarse, a cambiar, a evolucionar, sin el acceso masivo a Internet, lo cual implica un uso generalizado por sus ciudadanos, no solo por sus instituciones. Hoy en día, hoy mismo, el estado de las comunicaciones en la isla es calamitoso. Con mucha frecuencia llegas a un banco para hacer una operación y te encuentras con que “el sistema está caído” y no puedes hacer esa operación; o que no puedes renovar un documento – carnet de identidad, licencia de conducción- porque el mismo sistema está igualmente caído… y eso es lo más pedestre en ese terreno amplísimo, aunque son ejemplos demostrativos de dos cosas: que si técnicamente no se resuelve el problema del acceso a Internet, el país no puede funcionar; y, segundo, que si no resuelves esas dificultades técnicas y abres el uso de Internet a la sociedad, los cubanos seguirán siendo ciudadanos del siglo pasado, que acumularán un retraso de conocimientos, habilidades, posibilidades que con mucho, mucho trabajo será posible y necesario superar (el retraso). Tal vez se haya hecho una lectura estrecha, solo política y desde el presente, de lo que significa el acceso a Internet y se haya reducido su esfera de acción a la información que la gente puede manejar, aunque es solo una parte de ese universo. Al manejar o controlar la información, por ejemplo, puedes controlar el conocimiento sobre qué ha ocurrido, precisamente, con el destino del cable de conexión que resolvería el acceso rápido a Internet para el país. Es cierto. Pero mientras ese control se concreta, hay miles, varios miles de hogares cubanos, incluidos los más modestos y casi que pobres, en los que la fuente fundamental de información son los canales hispanos de Miami captados por el “cable”… ¿De qué monopolio de información se puede hablar entonces? ¿Y el resto de las actividades sociales, económicas, educativas que se realizan hoy en el mundo a través de Internet?… Definitivamente, soy de los que creo que, sin Internet, no hay un cambo real y profundo, pues, repito, vivimos en la era digital, y mantenernos de espaldas a ella nos cobrará un precio económico notable.

Y como último cambio posible –entre decenas de cambios necesarios y hasta urgentes- mencionaría el de la política del secretismo oficial respecto a los destinos del país y de los ciudadanos. Se ha dicho, por ejemplo, que los grandes cambios, los profundos, los más meditados por el gobierno están por llegar, llegarán pronto, pero… ¿alguien nos ha dicho qué cambios son esos cuando, si son tan importantes y profundos, seguramente incidirán en nuestras vidas de cubanos?

¿Cómo pueden ayudar los intelectuales cubanos, tanto los que residen dentro como fuera de la Isla, al éxito de estos cambios?

Lo primero sería tener conciencia de que los cambios no deben solo ayudar o favorecer al sector de los intelectuales (y pienso que me preguntan por la intelectualidad artística, ¿no?), sino al conjunto de la sociedad. Que desaparezcan fronteras como la de los creadores que están dentro y los que están en la diáspora, es importante. ¿Pero no lo es más recordar que millones de cubanos viven con un salario de 500 ó 600 pesos (intelectuales incluidos, y no solo artísticos), y tienen que inventarse la vida cada mes? Los intelectuales, desde sus posibilidades y capacidades deben estar a favor de cambios que contribuyan a mejorar las vidas de sus conciudadanos, y de ellos mismos. Es importante, por supuesto, reclamar y apoyar cambios que nos atañen directamente, pero también otros que nos involucran a todos. Por supuesto, los que están fuera de Cuba tienen sus propias visiones y opiniones, y en muchos casos, cuando no se trata de juicios irracionales o que parten y llegan al odio, a la revancha, a la pose (que de todo hay), deben ser escuchados porque, en tanto cubanos, también su voz debe ser considerada, aunque vivan fuera de la geografía insular. De parte y parte habría que trabajar más por la cercanía que por la separación, aunque creo que la primera y la segunda piedra para ese puente deben ser puestas acá, en la Isla.

¿Cuál es su valoración acerca del actual desempeño de la intelectualidad cubana en la consecución de estos cambios?¿Considera Usted que se halla a la altura del presente momento de reformas?

Creo que no, que la intelectualidad cubana no se encuentra a la altura de lo que el momento está exigiendo, y por varias razones. La primera es que el espacio con que cuenta para expresarse es muy limitado o está excesivamente politizado o satanizado, como es, en el primer caso, el espacio de los periódicos oficiales y, en el segundo, el de los blogs virtuales. ¿Cuántos escritores cubanos tienen columnas en los medios de prensa nacionales? ¿Cuántos van a la televisión a hablar de la sociedad y no solo del reguetón o de la programación teatral? Pero, ¿los periodistas cubanos no son intelectuales o funcionarios propagandísticos?… ¿Saben que en un noticiero de televisión que me iba a entrevistar por el Premio Nacional de Literatura -entrevista que al final no me hicieron- solo la harían si era grabada, no en vivo?… Y en los blogs, qué ocurre: pues que el 90 por ciento de ellos –por lo menos, aunque aventuro una cifra que no domino, solo la intuyo- son catalogados de castristas o anticastristas, según desde el lado en que se les mire, y se han dedicado, lamentablemente, a convertirse más en plataformas de ataque que en espacios de reflexión, análisis, etc., salvo algunas excepciones que… al final han sido catalogados de anticastristas o, por lo menos, de poco oportunos o problemáticos, como ha sido el caso de La Joven Cuba y el Observatorio Crítico. El problema es que el arte tiene su función específica, que es mirar una realidad, analizarla, reflejarla con recursos propios, que no son de carácter político expreso. El arte cambia las cosas a largo plazo, aunque hace conciencia desde el presente. Pero, ¿una obra de teatro que es vista por algunos miles crea conciencia colectiva? Sí y no. Pero habría que pensar más en el sí, en la conciencia que puede crear.

El arte cubano de los últimos 20 años ha estado a la altura de su tiempo –y verán que no me estoy contradiciendo- porque ha sido un arte que, en lo fundamental, ha tenido una visión crítica de la realidad del país. Pero, a la vez, muchas veces ha limitado –o se ha visto obligado a limitar- su esfera de influencia a sectores pequeños de la ciudadanía, porque sus vías de difusión han sido muy estrechas y condicionadas. Pero cuando esos artistas opinan sobre aspectos concretos de la realidad, una gran parte de las veces su opinión se convierte no en el juicio o la mirada de un individuo, un ciudadano, sino en la plataforma sobre la cual se sube otro para dar su opinión partiendo, muchas veces, de la descalificación del artista o periodista. Es como un mundo post torre de Babel, en la que cada cual habla de lo que le interesa en un idioma que los demás no comprendían, sin mayor sentido de la confluencia, la búsqueda de consensos. Es cierto que hay espacios, desde oficiales hasta espacios considerados “problemáticos” o incluso adversarios, enemigos, manipulados, etc., en los que se han abierto rutas para el debate. Y en esos espacios, si hacemos una comparación con los que existían hace veinte años, se están vertiendo opiniones, ideas, propiciando debates importantes, aunque lamentablemente su alcance sigue siendo limitado, porque no se les ofrecen posibilidades de mayor difusión, porque la prensa oficial no los reconoce o apenas lo hace, y porque esa prensa está a siglos de distancia de ellos… Pero, volviendo al asunto de la altura: ¿si los cambios en Cuba se promueven desde arriba, ¿cómo podrían los intelectuales estar a unas “alturas” de decisión a las que no pueden asomarse? ¿Pueden los intelectuales con sus opiniones generar cambios? Creo que no, o que muy poco, y eso les resta altura a sus posibles funciones sociales.

¿Cómo se podría promover y facilitar más el ejercicio de la responsabilidad social de nuestros intelectuales?

Dándoles a los intelectuales más participación social y política, pero no solo a ellos, sino a todos los ciudadanos. Las formas concretas en que esa participación se podría lograr son difíciles de definir (al menos para mí), pero lo que resulta seguro es que la pirámide de decisiones sigue teniendo una cúspide demasiado estrecha y que “los de abajo” mueven la sociedad con sus acciones realizadas más que con sus decisiones reflexionadas. Pienso que en un momento de cambios –ya lo dije, y lo repito- la opinión, el debate, el intercambio son fundamentales para lograr consenso, acuerdos, dar pasos firmes con el apoyo de muchos e, incluso, con los desacuerdos de otros, pero sin silenciarlos o atacarlos por no estar de acuerdo. No existe país en el mundo en el que exista una sola opinión. El papel que deberían jugar los espacios públicos de expresión, con la prensa a la cabeza, debería ser mucho más abierto, diverso, complejo. Hablar de lo que a juicio de un ciudadano hace mal un dirigente, un presidente, un gobierno… ¿es antipatriótico? ¿es sumarse al “enemigo”? Habría que tener más en cuenta ese derecho civil y esa actitud cívica de las personas en un momento en el que se están promoviendo cambios que, posiblemente, cambien mucho la realidad social y económica del país, y, posiblemente también, si el marxismo no se equivoca en eso, cambiarán en su momento y de algún modo la realidad política. Cambiar no es solo cuestión de medidas, leyes, ni siquiera de modificaciones constitucionales, sino algo más profundo: cambiar de verdad las mentalidades, aceptar la diferencia como un componente del juego, abrir espacios de debate profundamente democráticos… No sé cómo, ya lo dije (aunque sé desde dónde: desde una política inclusiva y democrática), pero creo que los intelectuales cubanos pueden hacer algo, o al menos intentarlo – como diría Les Luthiers- para conseguirlo.

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Un comentario en “Leonardo Padura, sobre los cambios.

  1. Es increíble cuando dice “….cuando no se trata de juicios irracionales o que parten y llegan al odio, a la revancha…” , el odio y la revancha siempre han partido de ellos , de los defensores de lo indefendible, el discurso oficial, antes y ahora , siempre ha estado lleno de odio y separatismo…. desde los intelectuales de afuera hay mas opiniones abarcadoras e integradoras que desde la individualidad y el egoísmo oficialista, pues los del exilio ya tienen su mesa servida y resuelta , no necesitan pedir cambios que los favorezcan. Los cambios que se producen en la isla , no son los necesarios , pues mantiene el mal que de raíz impide que se favorezca a todos por igual , y ese mal se llama estatizacion, el control estatal e idiologico de todo aspecto de la vida de la sociedad y sus integrantes …. hasta que eso no sea eliminado , hasta que la causa de todo el desastre no sea segada , no tendremos verdaderos cambios , apenas re estructuraciones que aseguren un alargamiento del estatus quo de los de siempre … y de algunos otros arrimados de turno.

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