Raza y Revolución: parejas interraciales y cambio generacional (2)

052810_interracial_marriage

Este post es un resumen de un artículo que publicara la Revista Temas en su número 70 de la profesora Nadine Fernandez, Salir a la Manigua lo pone a su consideración. El artículo es un poco extenso, por eso se entregara en dos partes.

Turismo, blancura, negrura y cubanidad hoy

El turismo está racializando los espacios de La Habana en formas novedosas; está confiriendo nuevos sentidos a las mezclas, blancuras y negruras y está creando nuevas zonas de inclusión y exclusión.

Obliga a los cubanos a meditar sobre el modo en que ellos y los otros perciben la cubanidad a medida que su «cultura nacional» se embala y comercializa en el extranjero. El aumento del turismo en la Isla ha resultado en una cifra sin precedentes de visitantes extranjeros (más de dos millones en 2008) .

La escasez del Período especial y la presencia de turistas extranjeros relativamente acaudalados dieron lugar a la aparición del jineterismo, tanto comercial como sexual. El advenimiento de estas parejas formadas por turistas y cubanos, muchas de las cuales eran interraciales, configuró un nuevo telón de fondo racializado y sexualizado para todos los cubanos. Ante el creciente número de estas uniones, sobre todo en La Habana, incluso las negras casadas con cubanos blancos fueron confundidas con jineteras. El constante menosprecio de negros y mulatos, y en particular las concepciones sexualizadas de cubanos y cubanas «de color», hizo difícil considerar las relaciones interraciales entre turistas y cubanos «de color» como algo que no fuera puramente sexual y «por interés». Este último no tiene que estar dado por la ganancia material inmediata, aunque podría convertirse en una ventaja a más largo plazo, a saber, un boleto de avión para salir de Cuba a través del matrimonio.

Después de 1990, el mestizaje resultante de estas uniones no construye una nación en el sentido de límites geográficos, sino más bien da lugar a una diáspora en forma de red transnacional de relaciones familiares que se extienden por todo el planeta y pueden ser vías por donde encaminar las remesas familiares y hacer las veces de redes de seguridad para quienes permanecen en la Isla. Resulta irónico observar que al casarse para salir (y no solo para ascender en la escala social), estas parejas interraciales extienden los vínculos transnacionales de los cubanos, que comenzaran decenios atrás los exiliados políticos, blancos en su mayoría. Sin embargo, ahora esta nueva oleada migratoria está integrada por cubanos negros y mulatos que casi siempre se dirigen a Europa, Canadá y América Latina en lugar de a los Estados Unidos.

Los jóvenes cubanos integrantes de esas parejas alcanzaron la mayoría de edad durante el decenio de los 90, cuando el futuro del socialismo prometido pareció evaporarse ante sus ojos y lo que quedó fue un vacilante espejismo en el horizonte. La creciente presencia de turistas extranjeros era una cuerda de salvamento que los unía con un mundo exterior lleno de comodidades y estabilidad. Muchos de estos jóvenes trabajaban para sobrevivir y apañárselas en una economía socialista en franco deterioro donde raza y sexo pasaron a ser las formas de capital cultural más fáciles de intercambiar.

Estas nuevas parejas transnacionales trasladaron el mestizaje de una práctica interna a una internacional, lo que en cierto sentido lo llevó de vuelta a las raíces de la conquista colonial. Las mezclas raciales se iniciaron como un fenómeno transnacional cuando los españoles llegaron a la Isla cargados de armas; y ha vuelto a ocurrir otro tanto, aunque ahora los españoles (y los turistas de otros países) llegan armados de cámaras.

Hay muchas maneras de que estas parejas, y las propias campañas cubanas de comercialización, manipulen y hagan un uso estratégico de los estereotipos de exotismo, al poner de relieve las raíces africanizadas de la cultura cubana y de los cubanos. En las relaciones sexuales, estos son agentes activos que a menudo manipulan las fantasías de los extranjeros y sacan partido de estereotipos raciales y sexuales como parte de complejas ofensivas estratégicas.

Estas imágenes y fantasías se apoyan en concepciones mundiales de negrura, incluida la hipersexualidad asociada a las personas de color. Los intelectuales cubanos así como muchos artistas y músicos se han reunido con funcionarios del gobierno para dialogar sobre los problemas de discriminación racial y los conceptos de género, sexualidad, raza y nación que se les comercializan a los turistas. Todos estos empeños nos permiten ser optimistas. No obstante, las nuevas posibilidades de dialogar siguen apoyadas en el reñido campo de la ideología habida cuenta de que siguen en circulación múltiples significados y connotaciones de negrura, blancura y mestizaje. Aunque los intelectuales condenen el racismo y los artistas parodien las imágenes de negros cubanos que se les venden a los turistas, muchos cubanos explotan los mercados nacional e internacional reproduciendo aquellas imágenes de negrura que se comercializan bien. En el escenario musical esto se manifiesta en cantantes de rap como Orishas, que venden exotismo afrocubano en la música y letra de sus canciones. El pujante mercado turístico ofrece tanto posibilidades como desafíos a la hora de reconfigurar el paisaje simbólico del color.

Man and woman looking at each other

Las imágenes mundiales de negrura pueden reforzar las representaciones nacionales en forma tal que pueden dar al traste con nuevas imágenes raciales que resulten más progresistas. El turismo brinda gigantescas oportunidades de efectuar cambios positivos, pero también tiene un inmenso potencial para afianzar ideas racializadas que denigran y no elevan la negrura y la cultura afrocubana.

matrimonio-interracial

Para las parejas cubanas, la endogamia racial sigue siendo la norma, y los investigadores cubanos han descubierto que continúa siendo fortísima entre blancos cultos, particularmente entre quienes trabajan en los sectores de la economía de reciente creación donde el objetivo no es el avance colectivo, sino la movilidad social personal. La mayoría de las parejas interraciales sigue «viniendo de abajo»; es decir, son más frecuentes entre las clases pobres y más corrientes en los barrios de composición racial mixta. Cuando la mezcla racial solo es más notable en ciertas poblaciones, sobre todo en las marginadas desde el punto de vista social, no podemos dar por sentado que la cultura racista está disolviéndose gracias al abrazo interracial. Con el auge del turismo quizás veamos cada vez más uniones entre cubanos de color y turistas blancos. Como las remesas llegan desde una comunidad de exiliados predominantemente blanca, los cubanos de color —con un restringido acceso a puestos de trabajo en el nuevo sector de la economía— siguen saliendo a la calle a luchar por un mejor nivel de vida. Las condiciones estructurales que los llevan a ello permanecen ocultas, y el chanchullo a nivel de calle solo refuerza los prejuicios por motivos de raza. Si bien Cuba puede adecuar el turismo y sus campañas de comercialización de manera cuidadosa para no contribuir a los estereotipos raciales, no le es posible controlar las imágenes mundiales de negrura que se proyectan sobre la Isla desde el exterior. Los cubanos «de color» pueden seguir apropiándose de ellas y revertirlas para establecer nuevos vínculos transnacionales y contribuir al mestizaje internacional con una pareja interracial tras otra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s