Fingiendo Conducta I

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Por: Norges C. Rodríguez Almiñán

Todos hablan de Conducta la última película de Ernesto Daranas, en la calle, en la cola de la guagua, en la del pan y la inmensa cola del pollo de 17 Onzas. En internet también se comenta, en el Facebook, en el Twitter, lo mismo Yoani que Yoandri (figura y contrafigura), los realizadores opinan, también los críticos, algunos hallan sorprendentes paralelos con sus vidas, el Granma dio su parecer y El Nuevo Herald igualmente lo hizo, cada uno en su orilla y/o trinchera, pero lo más interesante es que todos coinciden, y es muy bueno eso, en sus valores estéticos, en lo necesaria que es la película para auto examinarnos como sociedad y que es ya una de las más importantes en la historia de la cinematografía cubana.

Tanto se ha dicho del filme que cada vez que pongo los dedos en el teclado para garabatear algo, me viene a la mente un aluvión de argumentos ya leídos que me dejan en blanco en mi afán de no repetirme. ¿Qué puedo contar entonces? ¿Que me emocioné? si ¿Y quién no lo hizo?, ¿Que aplaudí cuando querían retirar a Carmela y dijo lo que dijo?, también, pero si la ovación en el cine fue monumental y espontánea e imagino que lo mismo sucedió en las casas frente a la televisión y a los monitores de las computadoras, en Cuba y en cada rincón del mundo donde un cubano vio la película.

Vi los mensajes escondidos, pero también los explícitos, los llamados a eliminar legislaciones absurdas, a prescindir de dogmas, a democratizar el país (eso lo vi y recuerdo la escena por si alguien tiene duda) y a enfocarnos en los incontables problemas que nos afectan como sociedad.

Pero más allá de conductas correctas o no, el tema que pretendo introducir en este post tiene más que ver con dobleces en los comportamientos.

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Lo que motivó este tema fue una frase de esas que se hacen populares en las calles cubanas y que tiene algo que ver con la película y con uno de los males que aquejan a nuestra sociedad:

“consorte no te calientes los metales que aquí hay una pila de gente fingiendo conducta”.

La frase no surgió a raíz del estreno del filme de Daranas, ya hace unos años que en la calle se usa, yo se la escuché a un santiaguero hace unos días en Martí y Moncada unas de las esquinas más populosas de esta ciudad. No sé el motivo por el que aquel paisano se lo decía a su consorte pero a mí me dejó pensando en la cantidad de cubanos que vivimos FINGIENDO CONDUCTA.

En un próximo post abordaré el tema de las simulaciones en la sociedad cubana.

Continuará …

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