Fingiendo Conducta II

 

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Por Norges C. Rodríguez Almiñán

Conducta avivó el debate sobre la sociedad, la educación y el futuro de la nación. A mí me hizo pensar en todo eso pero también en los comportamientos duales que proliferan en nuestra sociedad y de los que prometí comentar en el post anterior.

Acá muchos fingen, lo hace el que exige “trabajar duro” y tiene garantizado un grupo de servicios básicos y otros no tan básicos que son financiados con el “poco esfuerzo” de los que a diario trabajan “flojo” y lo que reciben a cambio apenas alcanza para los servicios más primordiales.

El médico al que le inquietan ciertas cosas del país o de su centro de trabajo y se encuentra a la espera de una misión al extranjero tiene que fingir y callar, porque corre el riesgo de que se le malogre la única oportunidad de mejorar su casi siempre precaria situación económica.

También finge el deportista que dedica a alguien un triunfo (práctica que por suerte ha ido desapareciendo) y a la vez prepara las condiciones para emigrar (desertar está en desuso) en un próximo viaje en busca de la cúspide de su carrera deportiva.

Finge el cubano que se encarama en un discurso en la búsqueda del beneplácito del poder (esté donde esté: detrás del Martí sosegado de la otrora Plaza Cívica o frente al paternal y acusador del malecón habanero) y lo elabora de manera que reverencie a dicho poder con los patrocinios y agasajos que esta actitud suscita.

Fingimos cuando cada mes participamos en una reunión “sindical” y no somos capaces de reclamar que los sindicatos se desenganchen de una vez de los hilos con que son manejados desde arriba y sean realmente una organización que defienda a los trabajadores del empleador (estatal o privado); fingimos al no exigir allí el derecho a mejores salarios, no cuando lo decidan los tecnócratas, no cuando las “condiciones estén creadas” sino de inmediato, porque en lo que estas se crean seguimos fingiendo que nos alcanza, cuando en realidad hacemos “magia” para llegar a fin de mes.

Finge el que enarbola una bandera de humanismo, exige justicia para un grupo de cubanos y calla cuando se comenten injusticias y atropellos contra otros cubanos que no comparten sus criterios políticos.

Simulamos cuando votamos para elegir a nuestros representantes en los órganos legislativos cuando sabemos que no nos representan como quisiéramos, porque van allí, a la asamblea, para aprobar por unanimidad leyes elaboradas desde arriba y que en ocasiones afectan a sus representados. También fingimos al no secundar y a veces atacar a quien exige una manera más directa de elegir los cargos públicos incluso el de Presidente de la República, cuando muchos quisiéramos reclamar lo mismo (acuérdate que siempre quiero).

Con tristeza observo cómo algunos cubanos se acercan a las religiones para mediante su práctica obtener beneficios que se alejan mucho de la espiritualidad y la fe.

Veo a diario cómo personas que por su trabajo deben pronunciarse a favor de la igualdad y en contra de la discriminación, manifiestan incongruencias entre pronunciamientos y procederes. Cuando la situación llega a la intimidad del hogar se derrumban los planteamientos a favor de la igualdad racial, la diversidad sexual y en contra de la discriminación por clase social y solvencia económica.

Tambien finge el que intercambia “amor” por favores económicos, sociales y laborales o por lograr la tan anhelada salida del país. Esto para nada es esta una crítica a quien lo haga, creo que los que se han visto obligados (ojalá y las circunstancias de la vida no me lleven por esos senderos) lejos de ser victimarios se convirtieron en víctimas de una sociedad que no les ha permitido garantizar por medio de las vías “correctas” su realización personal.

Lamentablemente la lista de simulaciones es mucho más larga, tan larga que tendría entonces este post más secuelas que algunas de las más taquilleras cintas de la industria hollywoodense.

Solo queda entonces que cada uno de nosotros realicemos un auto-examen de nuestro comportamiento e identifiquemos los dobleces que nos acompañan, los desmantelemos de una vez y por todas y asumamos una conducta digna y de acuerdo a nuestros principios con todos los inconvenientes y sacrificios que eso pueda acarrear.

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Un comentario en “Fingiendo Conducta II

  1. la profundidad de tu analisis merece elogiosììììì….solo agregarte……finge aquel cubano que dice que esta bien cuando gana”””mucho dinero”””, y en realidad lo quisiera dar todo por estar con los suyos y ganarse lo necesario para estar bien en el pais donde nunca se sentira extranjeroììì..un abrazoìì

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