La inteligencia, el protagonismo y la catarsis

Es mejor sujetar a un loco que empujar a un bobo

El chofer

(el de la vuelta de carnero)

 

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Foto: Kaloian Santos Cabrera

 

Por: Norges Carlos Rodríguez Almiñán

Por estos días he tenido varios debates sobre disímiles temas, por el chat y en mi muro de Facebook o en el muro de otros, en la casa, en el trabajo o en la calle, los temas han sido más o menos “conflictivos” pero en este post no tocaré ninguno en específico, abordaré una situación que se convierte en cotidiana entre los cubanos que tengo cerca y es la de utilizar algunos adjetivos para des-calificar a quienes debaten, critican o cuestionan y lo hacen desde una perspectiva diferente a la del calificador o de una manera que este no considera correcta. He escuchado/leído por ejemplo: “debes tratar de ser más inteligente, esperar, no gastar balas por gusto”.

Yo me preguntaría si esa “inteligencia” estaría relacionada con esperar a que las cosas sucedan por obra y gracia de un poder divino, si la habilidad de apoltronarse equivale a la perspicacia de la que se habla. Según esa lógica sería inteligente observar con indiferencia como envejece nuestra casa y no darle de vez en vez una mano de pintura, reparar el techo, cambiar la plomería y esperar a que llegue el “momento preciso” para ello, con el riesgo de que la casa se nos vengan encima con el primer aguacero o terremoto moderado que sufra. De acuerdo a este raciocinio si en la empresa estatal, privada o cooperativa (pa´ estar a tono con la actualización) o institución en la que trabajamos se diera el ¿extraño? caso de que por años nadie haya resuelto las ineficiencias, empeñarse en hacer lo que muchos han intentado infructuosamente, sería algo que solo acometería un descerebrado.

Estos cubanos de “poca lucidez”, que a pesar de estas situaciones adversas se empeñan en intentar mejorar su entorno en hacer que las cosas funcionen y “gastan balas” hasta quedarse con los cargadores vacios, se enfrentan también a ser calificados de manera peyorativa como “buscadores de protagonismo”, como si alejarse de los aletargados y sentirse protagonistas de un proyecto constituyera una herejía, como si reparar las paredes de la casa fuera un acto sacrílego o enumerar las ineficiencias, proponiendo o no las soluciones, de la empresa, la institución o de la nación a la que se pertenece fuera un pecado capital.

La catarsis también se utiliza en tono insultante para calificar las maneras en que algunos de los indoctos aspirantes a protagonistas despilfarradores de proyectiles se proyectan, se aduce entonces que la validez de sus criterios es nula porque, según los calificadores, ese estado catártico no les permite pensar con claridad y sus propuestas quedan impregnadas de mucha pasión (¿y qué hay de malo en eso?). He escuchado más de una vez a algunos que desde una posición de poder o con ninguno desestiman a un grupo y rehúsan escucharlo por la vehemencia con que estos defienden sus criterios y me pregunto si no sería pertinente analizar los motivos de tanta pasión y tantos sentimientos contenidos, no tendría esto que ver con los llamados que se hacen en el país a debatir, dialogar, “buscarse problemas” (frase que detesto por incongruente y de la que escribiré pronto); estos llamados llegan por el simple motivo de que no se estaba, o al menos no lo suficiente, dialogando, debatiendo, ni indagando cual problema era el más factible para uno buscarse y esta situación puede ser una de las causantes de tanto frenesí al defender una idea.

El país cambia, se transforma, se mueve, a veces con pasos torpes y con asomos de repliegues, en ocasiones hacia rumbos que nos disgustan en algunos ámbitos y que nos satisfacen en otros, pero lo que sí constituye una realidad es que los tiempos de sentarse a esperar y los de “esto no hay quien lo arregle” se acabaron, tenemos que sacudirnos la modorra, pararnos de la poltrona y cuestionarlo TODO; de manera serena y tranquila o con todo el ímpetu que tengamos contenido, en el lugar preciso o en el impreciso, lo importante es no quedarse a la espera y mucho menos descalificar a quienes ya no lo hacen. Las transformaciones por la que atraviesa el país se trasmiten a toda las esferas de la sociedad, por lo que tenemos que participar TODOS ya que a todos nos afectan, para ello muchos debemos variar nuestras cosmovisiones, nuestras mentalidades (de moda por estos días) y construir desde nuestra parcela una realidad diferente que nos beneficie no solo a cada uno de nosotros como individuos sino a la sociedad toda.

Este bloguero también estaba adormilado a la espera de una solución que si no se vislumbraba colectiva tendría que ser lamentablemente individual, pero salió del letargo y se he convertido, a dios gracias, en un febril protagonista, poco inteligente que no piensa en las balas que le quedan sino en las que ha disparado y espera que cada día sean más los que lo acompañen en ese empeño.

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12 comentarios en “La inteligencia, el protagonismo y la catarsis

  1. Nunca será fácil la herejía. Los herejes, siempre estaremos condenados al descrédito, los comentarios de Inquisición y la injusticia. Y más cuando se es joven, que se corre el riesgo de ser un “inmaduro” o un “incauto”. A pesar de todo, hay un placer tremendo y hasta masoquista de ser hereje. Lo mejor que se puede hacer es vivir de tal estado y mandar a Verennes a todo aquel que intente poner orden en lo único que debe y tiene que ser personal, la cabeza.

    • Yo soy un hereje y seré revolucionario cuando exista una realidad en la que eso no signifique ser dócil, sumiso, manejable y manso, mientras tanto me conformo con la herejía.

  2. Te amo Norgito! Felicidades por este blog maniguero! Creo ademas que en este has crecido mucho como intelectual y revolucionario. Doy Gracias a lenternet por poder contar con tu amistad

    • Yo también te amo mi negra, gracias por todo y si he crecido mucho y tu tienes parte de responsabilidad en ello, también doy gracias a Internet por tu amistad, no nos conocemos personalmente y me parece que te conozco de toda la vida. Te quiero mucho negrona.

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