Aurelio Alonso sobre Espacio Laical

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La presente entrevista forma parte de la tesis de licenciatura de David Concho, estudiante de periodismo de la Facultad de Comunicación de la UH, relacionada con la revista Espacio Laical. La misma de discutió exitosamente y está disponible en la biblioteca de dicha facultad. Prestigiosos intelectuales cubanos desentrañan su vínculo con la publicación habanera.

Aurelio Alonso sobre Espacio Laical (págs. 114-116)

Por David Corcho

¿Qué razones de carácter histórico o político han permitido que E.L. tenga un lugar de enunciación en el ámbito público cubano?

Yo pienso que la aparición de E.L. se inscribe en una corriente de renovación de la Iglesia católica que cobra aliento sobre todo después del anuncio de la visita de Juan Pablo II a Cuba. Aunque ya era algo que venía avanzando desde antes del derrumbe del campo socialista, pero bien, es sobre todo después de la visita de Juan Pablo, dentro de esa política de apertura, de influencia renovada en la sociedad cubana.

¿Cuáles han sido los mayores aportes de E.L. al ámbito público cubano?

Creo que la revista nace con una vitalidad, con una autonomía de criterio, que no tiene ninguna otra publicación católica y que constituye una contribución real. En este sentido, toma para sí la idea del diálogo en todas sus acepciones, entre la Iglesia y el Estado, entre visiones eclesiásticas y no eclesiásticas, entre cristianos y no cristianos, etc. Quizá es el único medio que tiene esa proyección y que es de carácter cristiano. Al mismo tiempo no creo que lo haya hecho sin esfuerzo y sin enfrentar muchos peligros.

¿Cree que existan unas líneas matrices que guíen la proyección pública de E.L.?

Ellos se centran mucho en los problemas relacionados con la institucionalidad política y los partidos. No creo que el monopartidismo y el pluripartidismo sean lo importante, sino cuál es la naturaleza del o los partidos, como instituciones políticas, el poder real de los ciudadanos y la clase política que dirija las naciones. El socialismo puede ser democrático con uno o varios partidos. Pienso, no obstante, que E.L. se plantea el problema como asunto entre mono- y pluri- y tiende a privilegiar el concepto de democracia como apegado a la existencia de varios partidos, aunque, por supuesto, para ellos la democracia es mucho más que tener dos o tres partidos. Luego, esto no quiere decir que E.L. le cierre las puertas a visiones distintas, todos tienen cabida dentro de sus páginas. También otras líneas matrices están en el debate constitucional, en el mejoramiento de nuestro estado de derecho, la comparación entre los distintos constitucionalismos cubanos; existen un sinfín de temas más, por supuesto.

¿Puede identificar elementos del discurso que remitan a la influencia de la jerarquía eclesial dentro de E.L.?

Esa es una pregunta difícil de responder. Yo no tengo la menor idea sobre los posicionamientos dentro de la Iglesia. Ahora, lo que no me cabe duda es que existe una tensión, de que E.L. no es algo que sea aceptado con el mismo consenso por todos dentro de la Iglesia. Pienso que en los comienzos había una mayor aceptación por el episcopado, hoy no tanto. Como quiera que sea, aunque la Iglesia hoy tienda más al diálogo y a una política de apertura, no es menos cierto que dentro de ella conviven distintas posiciones, y algunas son conservadoras.

¿Qué sectores de la sociedad civil cubana encuentran voz dentro de E.L.?

Pienso que el mundo académico y cultural en general, porque esta revista supone una cierta labor intelectual y de pensamiento. Personas de la diáspora que han desarrollado una labor intelectual importante, gente de la izquierda cubana, incluso algunos amigos y compañeros míos como Carlos Alzugaray, y así, un grupo comprometido con la democratización del país.

¿Puede identificar un consenso mínimo sobre temas políticos en E.L.?

Creo que el consenso existe alrededor de las ideas de apertura, debate, diálogo y la existencia una sociedad más democrática. Entorno a una mayor democracia en el plano político, social, filosófico; la propagación de una visón realmente ecuménica, de diálogo interreligioso y entre ideologías diferentes.

¿Usted cree que E.L. sea escuchado por las instituciones políticas cubanas?

Sí. Quizás uno pueda valorar que debía ser más escuchado, que debía ser más atendido, pero sí creo que ocurre algún tipo de comunicación. Yo pienso que a veces el Partido se inhibe por temor a ser demasiado identificado con un intento de manejo y manipulación, como si otros pudieran pensar que el Partido estaría manipulando a la Iglesia si dialoga con ella. Y creo que sobre todo en las altas instancias del Partido y la Iglesia hay comunicación, pero no veo la iniciativa suficiente, nunca la he visto, de dialogar con la Iglesia por parte del Estado. Hay mucha carga aún de sospecha y burocratización.

¿Qué lo ha motivado a participar en la revista?

Bueno, yo soy un caso sui generis. Yo me crié y me formé como católico aunque después rompí con el catolicismo, gracias al ateísmo sartreano. Cuando yo estaba en el bachillerato fui pasando de ser un lector de Ortega y Gasset y de Unamuno, a ser un lector de Sartre y de Camus. Incluso ese compromiso de Sartre, total, parcial, con el marxismo, se avino muy bien conmigo, con mi deseo de romper con el catolicismo. Nosotros los que nos formamos en colegios católicos vivimos en carne propia el dogmatismo religioso, la burocratización de la eucaristía, como a mi me gusta decir, de ahí que, como jóvenes, quisiéramos romper de lleno con eso y encontrar justificaciones en lo que era abiertamente contrario al catolicismo. Más tarde, en los sesenta, conocí a los neotomistas. Ya había leído, por otra parte, algunas cosas de Jaques Maritain, también del existencialista cristiano Gabriel Marcel, aunque no me resultaban convincentes. Pero, gracias precisamente a Carlos Manuel de Céspedes, me llegó Teilhard de Chardin, que primero es despenalizado por la Iglesia y es entonces traducido al español. Chardin me fascinó. En él redescubrí una racionalidad filosófica cristiana que no tenía que ver con el neotomismo más tradicional; entonces, sin dejar el marxismo, el cristianismo volvió a mí. Como puedes ver, siempre he mantenido cercanías con el cristianismo. He encontrado en E.L. un lugar cristiano dispuesto al diálogo, precisamente esa racionalidad cristiana que prefiero. Me siento feliz de participar en ese proyecto y veo que en él han entrado viejos compañeros míos, como Alzugaray, Everleny, y algunos ex-discípulos. En suma, me siento feliz de estar allí, me siento cómodo, en un clima de entendimiento.

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