Carmelo Mesa-Lago sobre Espacio Laical

CarmeloML

La presente entrevista forma parte de la tesis de licenciatura de David Concho, estudiante de periodismo de la Facultad de Comunicación de la UH, relacionada con la revista Espacio Laical. La misma de discutió exitosamente y está disponible en la biblioteca de dicha facultad. Prestigiosos intelectuales cubanos desentrañan su vínculo con la publicación habanera.

Carmelo Mesa-Lago sobre Espacio Laical (Págs. 124-126).

Por David Corcho

¿Qué razones de carácter histórico y político han permitido que E.L. tenga un lugar de enunciación dentro del ámbito público cubano?

Los problemas económicos y sociales sufridos en Cuba durante la severa crisis después del colapso de la URSS y el bloque socialista (“Período Especial”) no fueron resueltos y, a pesar de una parcial recuperación desde 1995, esos problemas estructurales se agravaron. El comercio y ayuda económica venezolana desde comienzos del siglo XXI fueron un alivio pero también contribuyeron a una reversión de las reformas modestas emprendidas en la primera mitad del decenio del 90. La crisis financiera global de 2007-2009 provocó una desaceleración económica y la suspensión de pagos al exterior. La magnitud, severidad y urgencia de los problemas acumulados durante casi medio siglo condujeron a las reformas estructurales de Raúl Castro, el cual también abrió algunos espacios para la discusión y la crítica, entre ellos a la Iglesia católica. Es bajo estas circunstancias o coyuntura histórica que nace Espacio Laical.

¿Qué sectores específicos de la sociedad civil, además del académico, encuentran voz dentro de E.L.?

E.L. ha intentado incorporar al debate a diversos sectores de la sociedad civil cubana y del exterior, la mayoría son académicos, pero también profesionales independientes como el desaparecido economista Oscar Espinosa Chepe; periodistas que participaron en el “Dossier: Propuesta para una refundación de la prensa cubana” (enero, 2013), la compilación más integral y profunda que he leído sobre ese tema; artistas como Víctor Fowler; miembros de fundaciones internacionales; prelados; politólogos como Julio César Guanche y Armando Chaguaceda; algún empresario cubano-americano de mente amplia. En la sección “En diálogo”, en que el público debate después de una conferencia, han estado presentes integrantes de toda la sociedad civil cubana. Como esas intervenciones se graban y se publican íntegramente en la práctica casi todo el espectro ha sido publicado en E.L. Desearía que E.L. siga expandiendo la incorporación de otros actores que comparten los principios de la revista enumerados abajo.

A pesar de las diferencias, ¿puede hablarse de una concordancia mínima de criterios dentro del discurso de E.L.? Si es así, ¿cuáles son los núcleos temáticos de ese lazo común?

Sí, creo que hay una concordancia mínima de criterios y principios comunes: 1) búsqueda del bien común, la promoción humana, la justicia y equidad social, la libertad de expresión, la democracia, y la solución pacífica de los problemas del país manteniendo la soberanía nacional; 2) impulso a las reformas económicas, sociales y políticas que necesita la nación; 3) mediante el diálogo y la conciliación, con aportes y debates fundamentados en evidencia empírica y análisis profundo; 3) apertura y respeto a los puntos de vista, críticas y recomendaciones diversos; 4) concertación de consensos en puntos clave; 5) reconciliación de todos los cubanos; y 6) fomento de la sociedad civil y de una Cuba en la que todos podamos participar y todos contribuir.

¿E.L., ese cúmulo de voces de la sociedad civil cubana, cree usted que sea escuchada por las instituciones políticas de la isla?

Ese es mi deseo ferviente, pues si la dirigencia política ha pedido que haya crítica constructiva y se den opiniones diversas para mejorar la nación, E.L. es un instrumento crucial, entre otros que hoy existen y que deberían ser escuchados. He mantenido en varias publicaciones que las reformas estructurales son positivas y bien orientadas pero que están obstaculizadas por trabas, impuestos y regulaciones excesivas, así como que su ritmo es lento, con contradicciones y zigzags, todo lo cual ha impedido que hasta ahora haya resultados substanciales en la economía y la agricultura. E.L. ha publicado múltiples ensayos sobre esto y debería convocarse un debate nacional en que con seriedad y respeto se trate este tema fundamental para el país y se escuchen opiniones diversas, entre ellas las de E.L.

¿Qué lo ha motivado a colaborar con la publicación?

A pesar de dificultades y obstáculos que he enfrentado en Cuba y en Miami por más de cuatro decenios, he sido constante partidario del diálogo respetuoso entre cubanos desde fines de los años 60, cuando con María Cristina Herrera fundamos en Miami el Instituto de Estudios Cubanos que promovía dicho diálogo, inicialmente entre cubanos de la diáspora y después con los de la Isla. En 1978 fui parte de la representación de la comunidad en el exterior que participó en el diálogo de La Habana, el cual resultó en la libertad de miles de presos políticos y el comienzo de la reunificación de la familia cubana a través de viajes, remesas y ayuda. Por tanto, apoyo los programas, acciones y publicaciones que abren espacios para el debate respetuoso de cubanos dentro y fuera de Cuba, con diversas ideas, en busca de consenso, procurando las necesarias reformas económicas, sociales y políticas que urgentemente necesita el país. Espacio Laical y antes Vitral me abrieron la oportunidad de publicar mis artículos sobre temas económicos y sociales y hacer llegar mi pensamiento al público cubano, a más de intensificar mi intercambio con académicos. Así, después de 20 años sin poder ir a Cuba, en 2010 la Iglesia y E.L. me invitaron y obtuvieron mi visa para participar en la Semana Social Católica a la que asistieron 150 representantes de toda la Isla y hubo un fructífero debate académico de cubano-americanos con sus homólogos residentes en Cuba.

Desde 2008 he publicado media docena de artículos en E.L., sobre la crisis económica global y la recuperación, el problema de las pensiones, el envejecimiento demográfico, la propiedad en las reformas estructurales, las relaciones económicas de Cuba con los Estados Unidos, etc. Todas mis contribuciones concuerdan con los principios mutuos y varios de mis artículos han sido utilizados por académicos cubanos y han promovido la discusión con ellos. En resumen, considero que E.L. es un vehículo fundamental para construir la Cuba futura y es mi esperanza que continúe y expanda su labor fructífera para bien de todos los cubanos donde quiera que radiquen.

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