Destino nacional

 

 

destino

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán

Por estos días me he “tropezado” en más de una ocasión con Mañach. Nada sabía yo de este cubano ni de su obra, lo que podría resultar lógico dado mi perfil profesional tan alejado de las Ciencias Humanísticas. Pero ahora sé que hasta para la mayoría de los entendidos en esas ciencias la figura del intelectual cubano y su obra resurge luego de décadas de silencios y olvidos. Es poco lo que he leído, pero he quedado con unas ganas tremendas conocer toda su obra. He buscado y algo he encontrado, pero debo seguir. Mientras tanto comparto con quienes leen este blog un fragmento del texto “Imagen de un destino nacional” de Jorge Mañach publicado en 1950 y que parece escrito en la Cuba de 2014:

“Hoy todos estamos desmoralizados por la misma tenuidad y provisionalidad constante de lo que nos rodea. No nos sentimos estimulados por el medio para hacer otra cosa que vivir lo mejor que podamos nuestras vidas individuales, y naturalmente, las vivimos casi todos bastante mal, sin entusiasmo y sin heroísmo.

Hemos perdido así el sentido de la posteridad, de la trascendencia, y cerramos los ojos de la imaginación para no representarnos la Cuba que han de vivir nuestros hijos. Lo que hay que hacer es querer esa Cuba mejor, si es que los queremos de veras a ellos. Quererla en nuestra imaginación, con todos nuestros desvelos, con todos nuestros fervores, con toda nuestra voluntad.

Trabajar en cada momento, cada cual desde lo suyo, por esa Cuba mejor. No limitarnos al poco más o menos, ni al ir tirando, ni al ir consintiendo. No cultivar más las indiferencias menguadas y los pequeños cinismos, arguyendo cobardemente que esto no hay quien lo remedie. Ser cada uno de nosotros una irradiación viva de la inconformidad y de crítica, sí, pero alimentada siempre por la fe última en nuestro destino. La fe mueve montañas porque al sustentar en los hombres el sentido de la trascendencia, sobrenatural o terrena, les da confianza para ser mejores. Cuba está necesitada de ese entusiasmo trascendente. Cuando todos nos pongamos en ese estado de ánimo, al cual nos autorizan los grandes momentos y el curso general de nuestra propia historia, nos estimularemos los unos a los otros para querer más y mejor; insensiblemente iremos superando la elementalidad y provisionalidad a que hoy nos resignamos, y la Cuba que entre todos iremos haciendo se parecerá cada vez más a la Cuba soñada desde el amanecer de nuestra vocación nacional, a esa imagen fúlgida que todos llevamos en el corazón, como la bandera centenaria lleva la estrella en el seno de su triángulo rojo”

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