Porque había chocolate, pero pedí fresa.

Fresa-y-chocolate-2

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán

Indudablemente la historia cinematográfica de este país, reserva un capítulo especial para la adaptación del cuento de Senel Paz “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”.
En 1993, cuando se estrena la película, el país atravesaba por uno de los periodos más difíciles (especial por lo penoso) de su historia. Solos, sin “padrinos”, sin “protectores-tutores” o “amigos fraternales” por primera vez en siglos y en medio de una crisis económica devastadora.
Fresa y Chocolate, su guión y el cuento de Senel recordaba entonces lo que ya muchos sabían, que el alineamiento a ese socialismo, que como diría alguien no era real ni mucho menos socialista, mucho daño hizo y que había trastocado todo lo auténtico y valedero de un proyecto que enamoró a muchos alrededor del mundo.
Parecía entonces que ese sería un nuevo comienzo, un punto de partida para construir, a pesar de las adversidades, un proyecto de país en el que desaparecieran las sospechas, los agentes vigilantes, la desconfianza, la discriminación hacia lo diferente, en el que la justicia social no solo se limitara al acceso universal a servicios básicos y tambien contemplara los derechos individuales de los cubanos.
En diciembre de 1993 yo apenas tenía 6 años y es evidente que no recuerdo mucho del estreno del largometraje. Vi la película hace pocos años cuando por primera vez se trasmitió por la televisión en Cuba. Ahora la tengo en una selección de cine cubano en mi computadora. Hace unos días la vi nuevamente y tuve la sensación de que a pesar de los años y las transformaciones muy poco había cambiado -al menos no todo lo que yo esperaría- en los últimos 20 años.
La sospecha promete no abandonarnos, los comisarios pagados, reclutados o voluntarios continuan menoscabando lo auténtico, cuestionando y paramentando lo que es o no correcto (¿revolucionario?). ¿Y La prensa?, bien gracias. La prensa sigue haciendo propaganda, de la mala, a pesar de los discursos que prometen cambios. La mala gastronomía, aunque parece abandonarnos, no lo hace del todo y aun con los nuevos actores económicos se repiten prácticas ineficientes. El irrespeto al Derecho y sobre todo a ese que lo humano suele adjetivarlo, tambien promete no abandonarnos.
Conozco a varios que han renunciado al silencio y al acatamiento ciego y oportunista de las decisiones de quienes llevan las riendas del país y por ello han sido cuestionados con argumentos que se alejan de los preceptos de la justicia social, del compromiso ciudadano, de los anhelos de construir un país mejor y que tienen más que ver con el “dejar las cosas como están”, buscar resolver problemas particulares y olvidar a quienes no los tienen resueltos. Incluso se de algunos a los que les han disfrazado de “advertencias”, prácticas que se acercan más a las amenazas y a la intimidación y que se han dirigido a personas a las que no se les puede poner, ni por asomo, el manido calificativo de “pagados por el imperialismo” (en este caso el “yanqui” porque existe mas de uno en esta aldea global en la que vivimos). Todo esto en un contexto en el que el actual Presidente de la República -que en su momento fue activo cuestionador de su realidad- llama la crítica (sin mencionar las causas de la actual falta de crítica) y dialoga con enemigos (¿imperiales?) históricos.
Asoma pues el fantasma de la demagogia, el doble discurso, la hipocresía o en su defecto –según me dicen algunos y espero que así sea– el de una lucha dentro del poder entre “conservadores” y “menos conservadores”.
Esos valores morales que en estos dias se clama por su rescate (a veces como consigna barata), nunca regresarán a nuestra sociedad mientras continuemos por esa senda, aplaudiendo al que calla y cuestionando, amenazando e intimidando al que no lo hace. La doble moral perpetuará su enquiste en nuestra realidad como un cáncer -con diagnóstico cercano a la metástasis- si no hacemos algo pronto.
El Diego de Senel y Titón pidió otro sabor de helado, ese que para algunos no se ajustaba a lo “correcto”. Sería bueno entonces que comencemos (o comience el que aun no lo hace) a comprender la necesidad de que, aun cuando Coopelia venda chocolate, se pueda pedir fresa. Y así cada dia menos “Diegos” tengan la dolorosa necesidad de abandonar el barco, el proyecto de pais, la Casa Cuba (la de Monseñor), la Patria.

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