Discrepar… y un largo etcétera

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán

El colega Harold Cárdenas ha publicado un interesante artículo en El Toque. Lo he leído y he dejado algunos comentarios en Facebook que quiero compartir con los lectores de este blog:

Harold ¿sabes algo?

Siempre que puedo te leo, pero muchas veces me quedo con ganas de que digas mas. En ocasiones he notado que en algunos de tus escritos haces malabares para no “resbalar” sobre el “filo de la navaja” (espero que algún día desaparezca la navaja). Pero no hay problemas con eso. En mayor o menor medida todos nos convertimos de vez en cuando en malabaristas.

Te escribo esto para decirte que me ha gustado bastante este trabajo. Usas términos que creo necesitamos comenzar a utilizar: “erario público” “funcionarios públicos”, “servidores del pueblo” (hay otros como “dirigentes partidistas” que me gustaría desaparecieran. No por nada personal, es que lo público suena más democrático y es más dado a la auditoria. Tampoco me gusta eso de “trabajo político ideológico” pero bueno …). Debemos usarlos y exigir la necesaria rendición de cuenta, la declaración de patrimonio y auditorias. Es necesidad imperiosa para la Cuba actual y para la que se nos avecina.

Resulta poco serio, por ejemplo, que en las sesiones del Parlamento Cubano Marino Murillo -alguien me ha recomendado usar a Murillo como ejemplo por aquello del “filo de la navaja”- diserte sobre la Resolución 17 (que entre otras cosas establece un salario mínimo de 225 MN y vincula el incremento de los salarios a una productividad que depende, entre otras cosas, de un mercado mayorista desabastecido) o con un tono, a ratos, déspota recomiende la eliminación de “gratuidades”, y que luego pase sus vacaciones en el Hotel Pesquero, mientras que sus conciudadanos que ganan 225 MN al mes se les va ese dinero en electricidad, gas, ¿comida? y en verano se quedan a ver la TV.

Por otro lado me gustaría saber de dónde sale el dinero que financia, vestidos de lujo, viajes al extranjero y automóviles costosos que no venden en las concesionarias estatales (no quiero imaginar los precios que tendrían) y que sin embargo circulan por las calles habaneras conducidos por “hijitos de papá”

Del artículo no me queda claro si realmente somos el país que más ha luchado por el socialismo. ¿Socialismo? ¿Tú crees?

Lo de “en boca de personas opuestas a la Revolución” y “ser nosotros los primeros en señalarlos” me remite a una separación o atrincheramiento que no considero apropiados para los nuevos caminos que debe recorrer nuestra sociedad. Yo pienso que no hay “ellos” y “nosotros”. Me parece que “Nosotros” somos todos. Seria bonito que desapareciera lo de “revolucionarios” y “contrarrevolucionarios” y que nos quedáramos con CIUDADANOS. De manera que quepamos todos. ¿Quién determina quién es o no “revolucionario”? Es complicado ¿verdad? (y me recuerda a Saavedra con su detector de ideologías). Sin embargo lo de “ciudadano” se adquiere por nacimiento. Resulta pues más fácil, más humano, más Martiano.

Me parece que la práctica de criticar y cuestionar al gobierno, acompañada luego de un discurso “revolucionario” debe ir desapareciendo. El hecho de ser ciudadanos nos otorga ese derecho sin necesidad de validarlo de otra manera. Pero eso es lo que a mí me parece, lo que yo creo.

Otra cosa, comentas sobre ministerios en ventajas luego de las “gratuidades” eliminadas. A mí me gustaría que los ministerios “privilegiados” fueran el MINED y el MINSAP. Unos porque salvan vidas y los otros porque crean futuro para el país.

Me gustó el artículo asere, ya te lo decía más arriba. Pero hay que debatir, dialogar, discrepar … y un largo etcétera.

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¿Tengo?

Por: Nicolás

 

Cuando me veo y toco,
yo, Juan sin Nada no más ayer,
y hoy Juan con Todo,
y hoy con todo,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.
Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él,
mirando bien de cerca lo que antes
no tuve ni podía tener.
Zafra puedo decir,
monte puedo decir,
ciudad puedo decir,
ejército decir,
ya míos para siempre y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor
de rayo, estrella, flor.
Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir
(es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés,
no en señor,
sino decirle compañero como se dice en español.
Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
nadie me puede detener
a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel
gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.
Tengo, vamos a ver,
que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.
Tengo que como tengo la tierra tengo el mar,
no country,
no jailáif,
no tenis y no yacht,
sino de playa en playa y ola en ola,
gigante azul abierto democrático:
en fin, el mar.
Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar,
tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar
y a reír.
Tengo que ya tengo
donde trabajar
y ganar
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.

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Negrito de salir

no_racismSo
Por: Norges Carlos Rodriguez Almiñán.


Tú  no eres negro, en todo caso un “negrito de salir”. Tranquilo que tú pareces blanco.

La expresión la he escuchado en más de una ocasión. Se trata casi siempre de conocidos y amigos intentando “salvarme” del color de mi piel o poniéndome en un grupo en el que ser negro no significa desmerito. Dejo entonces de ser de “trajinar” como los otros negros y me convierto, gracias a la aprobación de ellos, en uno idóneo para salidas domingueras.

Expresiones como estas me han acompañado a lo largo de mis veintitantos años. Pero no son las únicas. Tengo una buena amiga, con la que estudiaba en la adolescencia  a la que alguien, que creyó éramos pareja, le recordó: “cada oveja con su pareja”. Todo aquello por el hecho tan simple de que su piel era más clara que la mía. Mi amiga dio una respuesta contundente, aun con sus 14 años, y nunca volvió a esa casa.

He tenido más de una relación interracial y es significativo como la sociedad asume, en pleno siglo XXI, el tema con una carga discriminatoria que parece estar incorporada a los comportamientos de muchos. Un grupo que te felicita: “que bien, estas adelantando la raza”. Mientras otros te comentan: “Oye pero que piolo (*) eres”  ¿No había una de tu color? Incluso en este grupo algunos llegan a calificarte de racista, asumiendo una actitud también racista.

Del otro lado, los amigos de ella le dicen: “pero estas atrasando”, “prepárate para peinar pasas” “te veo refinando petróleo”. O  comentarios cargados de morbo: ¿Te gusta el negro? No digo yo, me imagino…

En ocasiones resulta incomodo el caminar de manos por la calle, las miradas de asombro suelen acosar, a pesar de que es un fenómeno que disminuye, a cualquier pareja interracial

Pero mi generación no me parecía racista, por lo menos no como la de mis padres. La lucha con los padres es más dura. Mientras en la escuela y entre los amigos aquello era lo más normal del mundo, a la generación de mis padres les era más difícil aceptarlo.

Los míos nunca tuvieron problemas, lo que no impidió que de vez en cuando soltaran una expresión de aquellas aprendidas en otras épocas. De esas que ahora yo siempre corrijo en las conversaciones.

Pero los padres de ellas suelen ser implacables: ¿le vas a parir a un negro? Aquí no lo quiero.

Tuve una relación en la que solo me invitaron a casa de ella al cabo de los dos años. Me invitaron a comer. Aquel fue el almuerzo más tenso de mi vida, nadie hablaba el ambiente estuvo cargado hasta el final. Yo tenía mil cosas que decir que por suerte no salieron.

Quizás debí decirlas, darle una lección y recordarles que más allá de la piel y sus colores, mas allá de todo los que nos diferencia están los sentimientos, la amistad, el amor. Ese día me llené de alcohol y celebré con ella la aceptación (tolerancia) y su cumpleaños. Pero tenía una sensación extraña. No me conformaba con un almuerzo diplomático para hacer las paces.

Con este tema estoy en un nivel, en el que no veo colores, solo personas. Creo que me ha sucedió toda la vida. Lo especialistas en estos temas aseguran, que cuando las sociedades llegan a ese nivel en este y otros temas se han superado todas las formas de discriminación.

A la nuestra le falta mucho. Todavía hay quienes solo aceptan -cuando lo aceptan- a un negro si es  “de salir” o cuando es tan inteligente y educado que “parece un blanco”.

La discriminación racial es un fenómeno que acompaña a nuestra sociedad y mientras no se discuta y analice sin cortapisas nos seguirá acompañando. Pude escribir aquí sobre policías selectivos, televisión selectiva, escuelas de ballet (muy) selectivas o de un sector turístico donde visitantes y empleados tienen el mismo color de piel.

Pude denunciar el porcentaje que alguien ha impuesto en las estructura de poder y en los órganos legislativos, para que los no blancos nos sintamos mas ¿representados?

O de cómo la máxima autoridad del parlamento cubano nunca se ha pronunciado sobre esos temas, a pesar  de todo. También pude recordar a un intelectual  que hace unos meses dio su criterio sobre el tema y  “le cayeron en pandilla”. Pero no,  a veces uno necesita contar su historia.

* Piolo:  entre cubanos significa que a una persona de piel negra le atraen las de piel blanca.

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