¿Y tú, dónde estabas?

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A Tete              

Fue un accidente. Sí, yo andaba buscando -sin encontrar- y me embestiste. Dejé de buscar entonces. Ya no era necesario.

Ahora nada crece en mi pequeño planeta, solo esa flor, que no es Baobabs. Tampoco una de esas de una sola hilera de pétalos que aparecen entre la hierba en la mañana y desaparecen en la tarde. Esta brotó de una semilla traída de quien sabe dónde. ¿Acaso lo sé yo?

Te encontré (o me encontraste) y ya sabes que quiero cambiar el mundo, aunque no sea fácil. Y esa noche solo deseaba sentirme/sentirnos siempre happy ¿Y everybody? Ya sabes: very well. Aunque el somebody que i need to find estaba lejos, la noche fue preludio de tantísimas cosas.

La casa tiene una escalera al final, en el patio. Por allí nos despide cada tarde el rey de los astros mientras intercambiamos fluidos, lecturas, anhelos, vivencias. Luego, el recorrido de siempre… contemplándonos, completándonos frases y planeando desandar otra urbe. Una más septentrional

Espero sepas, que noventa es número que empequeñece frente a la infinitud, ante la eternidad.

La isla merece ser recorrida, de punta a cabo, en buena compañía. Acá muchos pueblos tienen un “Parque Martí” y el ferrocarril los pellizca –a casi todos- por un costado.

¿Sabes algo…?

Me he pasado la vida buscando …

¿Y tú, donde estabas?

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El Caballero de París o un ferry entre Miami y La Habana

 

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán.

Cada cual tiene el derecho de celebrarle el cumpleaños a quien desee. Incluso al Caballero de París con ofrenda floral incluida y depositada al lado del Convento de San Francisco de Asís.

También es válido que luego a otro grupo le moleste y lo manifiesten. Queda entonces en manos de otros la tarea de velar para que los que celebran y quienes manifiestan sus molestias no vayan más allá.

Allá y acá (Miami y La Habana) se dan pasos por la reconciliación, la tolerancia, la aceptación. Pero todo lo que se haga es poco. Falta mucho por hacer, faltan muchas culpas que aceptar de un lado y otro. Esas que podrían llevarnos por el camino de perdón.

Acá falta una sociedad civil más activa y gobernantes a los que no les moleste –o que les moleste, pero permitan- que mientras un grupo celebra junto a la estatua del Caballero frente a la Lonja del Comercio en La Habana, otros marchen por la Avenida del Puerto manifestando sus molestias por lo mismo que estos celebran.

Yo no, a mi no me gusta celebrar cumpleaños (a veces ni los míos los celebro). Yo quiero bailar con Wili Chirino (a Celia la recuerdo y mucho) y con Los Van Van, también escuchar a Silvio y Pablito en cualquiera de las dos ciudades.

En Calle 8, Little Havana, Coral Gables, el “Hoy como Ayer” o en el Parque Trillo, en La Rampa, en Tropicana …

Quizás un día navegue nuevamente por las aguas del Estrecho aquel Ferry, que hace muchos años realizaba en poco tiempo el recorrido entre las dos ciudades.

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!Ay Maricones!

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán

Hace unos días caminaba por una calle de mi ciudad natal con un amigo. Mientras lo hacíamos conversábamos animadamente sobre disímiles temas: el calor –en Santiago de Cuba siempre se habla del calor-, la cultura, la banalidad, la comida, la economía y la “situación nacional” (o como muchos le llaman: “la cosa” ¿Cómo está la cosa?).

Mi amigo es homosexual y es de los que no necesita comentárselo a nadie. Apenas habla, camina o gesticula cualquiera puede notarlo. Todo esto condicionado por los estereotipos que vinculan la homosexualidad masculina con ademanes femeninos.

En un momento la conversación y el periplo se detuvieron, porque un transeúnte con el que nos tropezamos exclamó: ¡Ay maricones!

En caso como estos, lo más común es que uno se dé por ofendido y lance al ofensor un insulto que le recuerde a su progenitora. En buen cubano: uno se cagaría en su madre.

Pero a mi amigo soltó una carcajada. Aquello le resultó risible. Pero yo, que ya tenía el insulto alojado en las cuerdas vocales, reflexioné y pensé que la dama que trajo al mundo a ese santiaguero no tenía culpa de nada. Y que a pesar de la evidente carga despectiva de la expresión, no había motivos para insultarse. Hacerlo reafirmaría la intención de aquel cubano de relacionar la homosexualidad con algo inmoral, obsceno, siniestro o cualquiera de los calificativos que quizás pasaron por su mente.

El incidente se convirtió en pie forzado para que el diálogo con mi amigo se orientara hacia la diversidad sexual. Dialogamos sobre el fenómeno, sobre su presencia en las sociedades a lo largo de la historia de la humanidad. Sobre Kinsey el entomólogo y sus estudios sobre el tema, sobre cómo estos estudios –según algunos especialistas– influyeron en la revolución sexual de la década del sesenta del pasado siglo. También hablamos de los prejuicios, los tabúes, las fobias y las concepciones erradas que muchos tienen sobre el tema.

Terminamos hablando de la situación en nuestro país. Da las UMAP y las secuelas que aún perduran de aquel error y de cómo ninguno de los responsables ha dado una disculpa convincente. También hablamos sobre la importancia que ha tenido, en cuanto a visibilizar el tema, la literatura y el cine cubano. Lo que logró Fresa y Chocolate -también lo que no logró- y lo tarde que llegó su estreno en la televisión. De los espacios de “tolerancia” que han ido surgiendo en varias ciudades del país, también comentamos.

A mi amigo le conté del ciber-activismo que algunos –algunos amigos- realizan sobre estos temas y aquello le resultó interesante, novedoso. El desconocía que existe un grupo de personas en el país que desde el ciberespacio –vinculado a instituciones estatales o fuera de ellas– luchan contra la discriminación y la homofobia y demandan transformaciones de algunas legislaciones, de manera que se consagre la diversidad sexual como Derecho Humano. Mi amigo no lo sabía y, según me confesó, se lo “agradece” a los medios de comunicación cubanos. Casi todo lo que conocía del tema le había llegado por otras vías.

La diversidad sexual no constituye aun un tema esencial en las agendas de los medios de comunicación cubanos. Los masivos: la radio y la televisión, muestran pinceladas sobre la temática, casi siempre vinculado a dramatizados en los que se refleja una realidad que ya el espectador conoce de antemano, con la que se tropieza a diario y que el medio en cuestión solo reproduce. Pero aun se adolece de un análisis científico y académico sobre el tema en los medios, aun cuando existen en el país un número importante de investigadores y especialistas que pudieran exponer criterios sobre el tema. Incluir la diversidad sexual en las agendas de los medios desde esos enfoques ayudaría al necesario proceso de diálogo y debate que en cuanto a estos temas necesita la sociedad cubana.

Esa labor social de educación que le corresponde a los medios debe explotarse en este sentido y lograr de esta manera que disminuya el número de transeúntes intolerantes y el de quienes se ofenden cuando los primeros exclaman –con ganas de que desaparezcan-: ¡Ay Maricones!

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Discrepar… y un largo etcétera

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán

El colega Harold Cárdenas ha publicado un interesante artículo en El Toque. Lo he leído y he dejado algunos comentarios en Facebook que quiero compartir con los lectores de este blog:

Harold ¿sabes algo?

Siempre que puedo te leo, pero muchas veces me quedo con ganas de que digas mas. En ocasiones he notado que en algunos de tus escritos haces malabares para no “resbalar” sobre el “filo de la navaja” (espero que algún día desaparezca la navaja). Pero no hay problemas con eso. En mayor o menor medida todos nos convertimos de vez en cuando en malabaristas.

Te escribo esto para decirte que me ha gustado bastante este trabajo. Usas términos que creo necesitamos comenzar a utilizar: “erario público” “funcionarios públicos”, “servidores del pueblo” (hay otros como “dirigentes partidistas” que me gustaría desaparecieran. No por nada personal, es que lo público suena más democrático y es más dado a la auditoria. Tampoco me gusta eso de “trabajo político ideológico” pero bueno …). Debemos usarlos y exigir la necesaria rendición de cuenta, la declaración de patrimonio y auditorias. Es necesidad imperiosa para la Cuba actual y para la que se nos avecina.

Resulta poco serio, por ejemplo, que en las sesiones del Parlamento Cubano Marino Murillo -alguien me ha recomendado usar a Murillo como ejemplo por aquello del “filo de la navaja”- diserte sobre la Resolución 17 (que entre otras cosas establece un salario mínimo de 225 MN y vincula el incremento de los salarios a una productividad que depende, entre otras cosas, de un mercado mayorista desabastecido) o con un tono, a ratos, déspota recomiende la eliminación de “gratuidades”, y que luego pase sus vacaciones en el Hotel Pesquero, mientras que sus conciudadanos que ganan 225 MN al mes se les va ese dinero en electricidad, gas, ¿comida? y en verano se quedan a ver la TV.

Por otro lado me gustaría saber de dónde sale el dinero que financia, vestidos de lujo, viajes al extranjero y automóviles costosos que no venden en las concesionarias estatales (no quiero imaginar los precios que tendrían) y que sin embargo circulan por las calles habaneras conducidos por “hijitos de papá”

Del artículo no me queda claro si realmente somos el país que más ha luchado por el socialismo. ¿Socialismo? ¿Tú crees?

Lo de “en boca de personas opuestas a la Revolución” y “ser nosotros los primeros en señalarlos” me remite a una separación o atrincheramiento que no considero apropiados para los nuevos caminos que debe recorrer nuestra sociedad. Yo pienso que no hay “ellos” y “nosotros”. Me parece que “Nosotros” somos todos. Seria bonito que desapareciera lo de “revolucionarios” y “contrarrevolucionarios” y que nos quedáramos con CIUDADANOS. De manera que quepamos todos. ¿Quién determina quién es o no “revolucionario”? Es complicado ¿verdad? (y me recuerda a Saavedra con su detector de ideologías). Sin embargo lo de “ciudadano” se adquiere por nacimiento. Resulta pues más fácil, más humano, más Martiano.

Me parece que la práctica de criticar y cuestionar al gobierno, acompañada luego de un discurso “revolucionario” debe ir desapareciendo. El hecho de ser ciudadanos nos otorga ese derecho sin necesidad de validarlo de otra manera. Pero eso es lo que a mí me parece, lo que yo creo.

Otra cosa, comentas sobre ministerios en ventajas luego de las “gratuidades” eliminadas. A mí me gustaría que los ministerios “privilegiados” fueran el MINED y el MINSAP. Unos porque salvan vidas y los otros porque crean futuro para el país.

Me gustó el artículo asere, ya te lo decía más arriba. Pero hay que debatir, dialogar, discrepar … y un largo etcétera.

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