¿Privada o Pública?

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán


Esto lo dejé en un debatillo de esos en los que me gusta meterme (en facebook), transparencia, necesitamos transparencia:
No creo que sea información privada la cantidad de negocios que hay en un país y el tipo de negocio. Tampoco el propietario del negocio. De esa manera podríamos saber por ejemplo cual es el % de “no blancos” por ejemplo, cuantos restaurantes hay en la capital, cuanto están en manos de hijos de militares y ministros. También deberían ser pública su Declaración Jurada, esa que sirve para deducir impuestos. Así sabríamos cuales son los negocios más exitosos. Todo esto para tener argumentos que desmientan o confirmen los “rumores” que aseguran que los ciudadanos cubanos de piel más clara son los más exitosos en el nuevo escenario económico y que además, los hijos de altos militares y ministros tienen los negocios más lucrativos. Y no está mal que un negocio sea lucrativo, lo que no está bien es que se logre en condiciones de competencia desiguales. Y que de alguna manera el cargo de los padres influya en eso (aduana e inspectores condescendientes, etc. etc. etc.). Ya se acaba en Cuba un igualitarismo que a mi nunca me gustó, y que analizándolo bien no lo fue tanto, nos encaminamos a una sociedad “diferente” por eso nosotros, desde la ciudadanía, desde la sociedad civil, debemos estar atentos a este tipo de cosas y arrojar luz en “lo oscuro”. Necesitamos trasparencia, de lo contrario nos convertiremos, y eso es lo que temo, en una Rusia (post-sovietica) tropical y caribeña.
Nota: Tambien seria bueno saber de donde sale dinero para la inversión inicial. He notado que a nadie le cuestionan eso en Cuba. Y quiero estar seguro de que no sale del erario público.

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¿Y tú, dónde estabas?

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A Tete              

Fue un accidente. Sí, yo andaba buscando -sin encontrar- y me embestiste. Dejé de buscar entonces. Ya no era necesario.

Ahora nada crece en mi pequeño planeta, solo esa flor, que no es Baobabs. Tampoco una de esas de una sola hilera de pétalos que aparecen entre la hierba en la mañana y desaparecen en la tarde. Esta brotó de una semilla traída de quien sabe dónde. ¿Acaso lo sé yo?

Te encontré (o me encontraste) y ya sabes que quiero cambiar el mundo, aunque no sea fácil. Y esa noche solo deseaba sentirme/sentirnos siempre happy ¿Y everybody? Ya sabes: very well. Aunque el somebody que i need to find estaba lejos, la noche fue preludio de tantísimas cosas.

La casa tiene una escalera al final, en el patio. Por allí nos despide cada tarde el rey de los astros mientras intercambiamos fluidos, lecturas, anhelos, vivencias. Luego, el recorrido de siempre… contemplándonos, completándonos frases y planeando desandar otra urbe. Una más septentrional

Espero sepas, que noventa es número que empequeñece frente a la infinitud, ante la eternidad.

La isla merece ser recorrida, de punta a cabo, en buena compañía. Acá muchos pueblos tienen un “Parque Martí” y el ferrocarril los pellizca –a casi todos- por un costado.

¿Sabes algo…?

Me he pasado la vida buscando …

¿Y tú, donde estabas?

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El Caballero de París o un ferry entre Miami y La Habana

 

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán.

Cada cual tiene el derecho de celebrarle el cumpleaños a quien desee. Incluso al Caballero de París con ofrenda floral incluida y depositada al lado del Convento de San Francisco de Asís.

También es válido que luego a otro grupo le moleste y lo manifiesten. Queda entonces en manos de otros la tarea de velar para que los que celebran y quienes manifiestan sus molestias no vayan más allá.

Allá y acá (Miami y La Habana) se dan pasos por la reconciliación, la tolerancia, la aceptación. Pero todo lo que se haga es poco. Falta mucho por hacer, faltan muchas culpas que aceptar de un lado y otro. Esas que podrían llevarnos por el camino de perdón.

Acá falta una sociedad civil más activa y gobernantes a los que no les moleste –o que les moleste, pero permitan- que mientras un grupo celebra junto a la estatua del Caballero frente a la Lonja del Comercio en La Habana, otros marchen por la Avenida del Puerto manifestando sus molestias por lo mismo que estos celebran.

Yo no, a mi no me gusta celebrar cumpleaños (a veces ni los míos los celebro). Yo quiero bailar con Wili Chirino (a Celia la recuerdo y mucho) y con Los Van Van, también escuchar a Silvio y Pablito en cualquiera de las dos ciudades.

En Calle 8, Little Havana, Coral Gables, el “Hoy como Ayer” o en el Parque Trillo, en La Rampa, en Tropicana …

Quizás un día navegue nuevamente por las aguas del Estrecho aquel Ferry, que hace muchos años realizaba en poco tiempo el recorrido entre las dos ciudades.

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!Ay Maricones!

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán

Hace unos días caminaba por una calle de mi ciudad natal con un amigo. Mientras lo hacíamos conversábamos animadamente sobre disímiles temas: el calor –en Santiago de Cuba siempre se habla del calor-, la cultura, la banalidad, la comida, la economía y la “situación nacional” (o como muchos le llaman: “la cosa” ¿Cómo está la cosa?).

Mi amigo es homosexual y es de los que no necesita comentárselo a nadie. Apenas habla, camina o gesticula cualquiera puede notarlo. Todo esto condicionado por los estereotipos que vinculan la homosexualidad masculina con ademanes femeninos.

En un momento la conversación y el periplo se detuvieron, porque un transeúnte con el que nos tropezamos exclamó: ¡Ay maricones!

En caso como estos, lo más común es que uno se dé por ofendido y lance al ofensor un insulto que le recuerde a su progenitora. En buen cubano: uno se cagaría en su madre.

Pero a mi amigo soltó una carcajada. Aquello le resultó risible. Pero yo, que ya tenía el insulto alojado en las cuerdas vocales, reflexioné y pensé que la dama que trajo al mundo a ese santiaguero no tenía culpa de nada. Y que a pesar de la evidente carga despectiva de la expresión, no había motivos para insultarse. Hacerlo reafirmaría la intención de aquel cubano de relacionar la homosexualidad con algo inmoral, obsceno, siniestro o cualquiera de los calificativos que quizás pasaron por su mente.

El incidente se convirtió en pie forzado para que el diálogo con mi amigo se orientara hacia la diversidad sexual. Dialogamos sobre el fenómeno, sobre su presencia en las sociedades a lo largo de la historia de la humanidad. Sobre Kinsey el entomólogo y sus estudios sobre el tema, sobre cómo estos estudios –según algunos especialistas– influyeron en la revolución sexual de la década del sesenta del pasado siglo. También hablamos de los prejuicios, los tabúes, las fobias y las concepciones erradas que muchos tienen sobre el tema.

Terminamos hablando de la situación en nuestro país. Da las UMAP y las secuelas que aún perduran de aquel error y de cómo ninguno de los responsables ha dado una disculpa convincente. También hablamos sobre la importancia que ha tenido, en cuanto a visibilizar el tema, la literatura y el cine cubano. Lo que logró Fresa y Chocolate -también lo que no logró- y lo tarde que llegó su estreno en la televisión. De los espacios de “tolerancia” que han ido surgiendo en varias ciudades del país, también comentamos.

A mi amigo le conté del ciber-activismo que algunos –algunos amigos- realizan sobre estos temas y aquello le resultó interesante, novedoso. El desconocía que existe un grupo de personas en el país que desde el ciberespacio –vinculado a instituciones estatales o fuera de ellas– luchan contra la discriminación y la homofobia y demandan transformaciones de algunas legislaciones, de manera que se consagre la diversidad sexual como Derecho Humano. Mi amigo no lo sabía y, según me confesó, se lo “agradece” a los medios de comunicación cubanos. Casi todo lo que conocía del tema le había llegado por otras vías.

La diversidad sexual no constituye aun un tema esencial en las agendas de los medios de comunicación cubanos. Los masivos: la radio y la televisión, muestran pinceladas sobre la temática, casi siempre vinculado a dramatizados en los que se refleja una realidad que ya el espectador conoce de antemano, con la que se tropieza a diario y que el medio en cuestión solo reproduce. Pero aun se adolece de un análisis científico y académico sobre el tema en los medios, aun cuando existen en el país un número importante de investigadores y especialistas que pudieran exponer criterios sobre el tema. Incluir la diversidad sexual en las agendas de los medios desde esos enfoques ayudaría al necesario proceso de diálogo y debate que en cuanto a estos temas necesita la sociedad cubana.

Esa labor social de educación que le corresponde a los medios debe explotarse en este sentido y lograr de esta manera que disminuya el número de transeúntes intolerantes y el de quienes se ofenden cuando los primeros exclaman –con ganas de que desaparezcan-: ¡Ay Maricones!

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