Sociedad civil y TIC en Cuba

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Convención “Informática 2013”, Palacio de la Convenciones. La Habana, Cuba .Foto: Norges C. Rodríguez Almiñán

Por Norges C. Rodríguez Almiñán

En un post anterior compartí algunas ideas sobre la migración de profesionales cubanos del sector de las Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones (TIC), a partir del análisis de un post publicado en el blog El Catalejo de Rami.

Una de las ideas finales de aquel post estaba relacionada con la necesidad que tienen estos profesionales de poseer mecanismos que le permitan transformar su realidad. En esa oportunidad prometí que en el próximo abordaría el tema de la participación ciudadana vinculada a este campo, sobre todo en lo relacionado con la elaboración de políticas y agendas que propicien que Cuba alcance niveles de desarrollo en el mundo digital, cercanos a la media mundial.Leer más »

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De cuando un discurso no contribuye al proceso

 

Chama esto te lo debía

no solo a ti.

No todo está perdido, men …

Por: Norges C. Rodríguez Almiñán

Hace unas semanas un colega bloguero fue cuestionado por expresarse en su bitácora. Se le dijo que en ocasiones su discurso no “contribuía al proceso revolucionario”. Dicho cuestionamiento fue acompañado de otras argumentaciones y consejos que alguien perspicaz puede interpretar como burdas amenazas.

Me ofrecí para denunciar el hecho pero este amigo no quiso que la situación trascendiera. Prefirió callar y acatar los “consejos” de los censores. Es por ello que este post no analizará tal situación, solo la tomará como punto de partida para tocar una vez más el tema de la censura y de lo “revolucionario”.

A lo largo de estos años una y otra vez algunos personajes se han arrogado el derecho de decidir que deben pensar y expresar los ciudadanos de este archipiélago. Bien conocidas son las historias de artistas “parametrados”, de lamentables congresos y de grandes escritores desempolvando libros en inmundos almacenes de bibliotecas. En el recuerdo aun están los campos de trabajos para los “incómodos” y salidas definitivas del país de aquellos que, para ciertos círculos (de poder) no poseían el derecho de expresar libremente sus criterios.

En los últimos años se percibe la intención de resarcir todo el daño que en nombre de lo “revolucionario” se le infringió a la nación y a la cultura nacional. Pareciera entonces que en esta época de disculpas -que no han salido de boca de nadie- ya no se cometieran los mismos errores. Pero lamentablemente siguen allí. Se sigue cuestionando y poniendo a consideración de una persona o de un reducido grupo, qué contribuye o no al “proceso revolucionario”.

Ya tanto vaivén con el tema molesta, resulta tedioso y mata las ganas de hacer. Lo único que se logra es dar la impresión (y espero no pasar de la impresión a la certeza) de que los intereses de la Revolución se contraponen a los de la Nación.

No creo que dañe a la nación que se reclame una nueva constitución y un grupo de leyes que no acaban de llegar o que llegan viciadas por verticalismos ¿Daña esto a la Revolución?

Desear que los órganos legislativos cubanos sean realmente populares y que ciertamente empoderen a los ciudadanos, le ofrecería a la nación herramientas para consolidarse ¿Renuncia a esas herramientas la Revolución?

Denunciar el fraude y analizar las debilidades que tiene hoy en el sistema de educación cubano fortalece a la nación ¿y a la Revolución?

Si algunos jóvenes del país deciden, en medio de tanta apatía, participar, cuestionar y exigir lo que consideren, la nación y su futuro se beneficia ¿Ocurrirá lo mismo con la Revolución?

Construir un ambiente de consenso y diálogo en el que todos, sin distinción, tengamos el derecho a participar desde posiciones diversas en los destinos del país, nos llevará como nación por un camino de paz y prosperidad ¿Renuncia la Revolución a recorrer ese camino?

Larga, larguísima sería la lista que pudiera hacerse y numerosas interrogantes quedan por formular. Esperemos que conceptos arcaicos y nada revolucionarios dejen de lastrar el nacimiento de una sociedad civil que ayude a consagrar el anhelo martiano de una nación para todos.

Mi amigo continuará su vida “normal”. Ahora cuestionará y alzará su voz en la intimidad del hogar o en espacios privados, solo allí. Seguirá creyendo que esto no tiene arreglo, que es mejor dejarlo así. Y estoy casi seguro que, en este instante, muy poco le importa si en lugar de ridículos aduaneros contando calzoncillos, necesitamos un mercado mayorista o si en el Parlamento alguien -a quien no “aconsejará” ningún censor- insólitamente vota “no”.